Vamos a empezar

... bueno, me acaba de entrar el síndrome de la página en blanco. Al final escribir un blog no va a ser tan fácil. Voy a comenzar por poner las cosas que ya tenía escritas estos meses atrás, cuando llegué a Minnesota para mi estancia posdoctoral de dos inviernos (sí, aquí el tiempo se mide en inviernos).

lunes, 9 de mayo de 2011

La última escala I

Aeropuerto de Filadelfia. Estoy rodeada de gente cuyos destinos desconozco, con diferentes motivos que les han llevado un día como hoy a compartir conmigo colores de calcetines en los controles de seguridad, eternas colas acotadas en citas rojas para la verificación de pasaportes y la búsqueda incesante de bultos giratorios que puedas identificar como tu maleta.

Estos dos últimos años he volado muchas veces hasta aquí, un aeropuerto intermedio de EEUU donde pasar el control de aduanas. Siempre he llegado con la idea de superar otro tramo de mi estancia en este país, sin pararme a pensar que cada uno de esos tramos me han ido acercando a este último. Esta será la última vez que llegue al aeropuerto de Minneapolis, donde Bill me estará esperando y yo le daré los ositos de gominola que siempre le traigo. Será la última vez que pase un control con mi visado y con mi formulario de esquinas redondeadas por el desgaste de tanto viaje. La última vez que ponga mis huellas en esos tediosos controles. Y confío en que sea la última vez que estoy triste en un aeropuerto.

Los viajes largos deberían hacerse sólamente por placer y en compañía. Que alguien a tu lado escuche las tonterías que se te ocurren en las múltiples esperas o que junte los labios por empatía cuando compartes que te has quemado la lengua con la comida del avión. Pero yo no traigo sombreros mexicanos, ni a nadie de la mano, ni la ilusión de conocer un sitio nuevo. Esta vez viajo con la sensación agridulce de comenzar una despedida, una lenta cuenta atrás que me devolverá al resto de mi vida, en la que me espera todo lo que he dejado aparcado estos casi dos años y con la que comenzará una aventura incierta profesionalmente, pero que me devolverá todo lo que personalmente me ha faltado aquí.

Aunque también sé que echaré de menos algunos aspectos de mi vida aquí. Y sin duda a la gente con la que he compartido todas y cada una de las tormentas de nieve, los tornados, las paellas, las picaduras de los mosquitos asesinos, las barbacoas, los viajes, los seminarios, los congresos, los zafarranchos de limpieza del laboratorio, las charlas multilingües, las películas de los miércoles en el student center, las happy hours... y miles de momentos que guardo en mis recuerdos y que me indican que la despedida no va a ser tan fácil.

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