Las Navidades son momentos de reencuentros, de emociones, de promesas al nuevo año, de copiosas comidas, de multitudes y de ruido, mucho ruido. Para mí estas Navidades han supuesto la vuelta a España después de meses, recorrer kilómetros para conseguir un visado nuevo, conocer detenidamente mi casa nueva, hacer de guía turística para un par de amigos americanos, encontrarme con mis semi-abandonados amigos españoles, agobiarme con todas las cosas que he querido hacer y no he podido, disfrutar de ver cómo crece mi familia, recibir algunas satisfacciones profesionales y reafirmar que tengo la suerte de compartir todo con la mejor persona que conozco.
La semana pasada estaba exactamente en esa vorágine, intentando no acordarme de que era un espejismo. Aunque estando allí, tenía la sensación de que el espejismo era haber estado aquí. Ahora que vuelvo al silencio y a la melancolía, recupero los momentos de escuchar música, de hundirme en la lectura, de caminar sola por un paisaje inhóspito, de dormirme intentando ver una serie en el ordenador (la culpa de esto último la tiene el jet lag) y de planificar locuras que detengan mi pensamiento en el presente y lo alejen del futuro.
Tal y como lo dejé, todo sigue blanco. Tengo agujetas de caminar de nuevo en la nieve. Y vuelvo a la sensación de ser un bebé aprendiendo a andar y a hablar. Me pregunto cuánto tardaré en olvidarme de todo el inglés que sé cuando vuelva definitivamente. Y me pregunto cuánto tiempo tardará en derretirse la nieve este año. Mientras tanto, me refugio en el laboratorio, en la pila de papeles que tengo que rellenar, en los artículos que están por escribir y en las ideas que están por realizar. Ahí también entran los colores de las paredes de la nueva casa, pero ésas tendrán que esperar. De momento, todo es blanco y silencio.

Ves?, por eso te pusimos aqui la encimera negra... para variar un poco.
ResponderEliminarSi es que lo hicimos por ti...
Qué considerado eres Gabi...
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