Vamos a empezar

... bueno, me acaba de entrar el síndrome de la página en blanco. Al final escribir un blog no va a ser tan fácil. Voy a comenzar por poner las cosas que ya tenía escritas estos meses atrás, cuando llegué a Minnesota para mi estancia posdoctoral de dos inviernos (sí, aquí el tiempo se mide en inviernos).

domingo, 21 de febrero de 2010

Linnea Garden

Por petición expresa de Alegría, voy a contar otra de las anécdotas que con el tiempo servirán como alegaciones para exiliarme de este país. Yo llevaba como dos semanas por aquí y se nos ocurrió ir a hacer turismo por Minneapolis. Eso incluye museos y happy hours, por supuesto.
Uno de los sitios que decidimos visitar fue el American Swedish Institute. Antes de venir aquí, yo había leído en las guías que los principales colonos de estas gélidas tierras minnesoteñas fueron los Suecos (evidentemente, se buscaron un clima parecido). Así que allí nos plantamos para conocer un poco de los primeros locos de atar que vinieron aquí por gusto… porque los nativos que ya estaban, no tenían remedio, pero ¿en qué estaban pensando los suecos? ¿Echaban de menos la nieve? Vamos, ya puestos a mudarse, se les podía haber ocurrido irse a un clima mejor que el suyo… Están locos estos suecos.
En realidad es una mansión regida por abuelos-voluntarios, que debieron llegar con los primeros suecos (o casi). Y está llena de fotos antiguas de la gente que fue llegando a Minnesota, algunos recuerdos de la madre patria, cosas típicas de los suecos (adornos de navidad, muñecos raros, papá Noel…), relatos de costumbres, canciones, etc. Como llegamos media hora antes de que cerrasen, nos dijeron que no hacía falta que pagásemos la entrada, porque “no nos iba a dar tiempo a ver el museo”. Diez minutos después ya estábamos de vuelta en la puerta de entrada.
Y yo, como soy una enreda, pues no se me ocurre otra cosa que preguntar por nuestro apartamento, pues había leído que a principios del siglo pasado fue una residencia para mujeres suecas. En ese momento entraron en juego varios factores que hicieron la conversación algo más que surrealista. Por un lado yo no me explicaba con soltura y mi inglés-jau debía ser indescifrable. Por otro, le estaba preguntando a los habitantes de Villaorejilla del Sordete… vamos, que estaban como una tapia. Y además, se estaban haciendo los suecos.
El resultado de la conversación de besugos fue algo así:
- Nosotras vivimos en Linnea Garden, en St. Paul. Y hemos leído que antes era una residencia de mujeres suecas.
- Sí, el autobús se coge ahí fuera en la esquina, no sé exactamente cuál es, pero pasa por ahí. (Y va y le pregunta a otro abuelo cuál es el autobús).
Alegría y yo con ataque de risa… mientras ellos se ponían de acuerdo con lo de los autobuses y yo seguía intentando preguntarles lo de la casa sueca. Salimos de allí con la sensación de haber entrado en la casa de los locos. Muertas de la risa. Alegría me recuerda de vez en cuando que a quién se le ocurre… pero en cuanto controle un poco más el inglés y me compre un altavoz, vuelvo a preguntar lo de nuestro apartamento… que tiene que ser una historia curiosa.
Esta era la pinta de nuestro apartamento en 1920. Es lo más antiguo que hay por los alrededores.

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